"Envidia" - Instituto de la Pareja

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“Envidia”

 
Envidia deriva de in-videre “mirar dentro” (con desagrado).
En el diccionario de espiritualidad, Ermano Ancilli la define como: tristeza por el bien ajeno, como reductivo del propio valor personal.
En el diccionario se define como “tristeza o pesar del bien ajeno.”  
Para Descartes la envidia es un vicio de la naturaleza humana que nos hace entristecer por el bien del prójimo.
Para Santo Tomás en la envidia se pueden distinguir tres partes: un principio, un medio y un final. El envidioso entristecido por el bien del prójimo, lo considera causa de su propio mal e intenta por todos los medios disminuir aquel bien a los ojos de los demás; se alegra del propio éxito y se amarga por el contrario; en las adversidades del prójimo se alegra y se aflige con sus progresos; llega así al odio, definido como la tristeza habitual por el bien ajeno.
Para Francesco Alberoni la envidia es un mecanismo de defensa que ponemos en funcionamiento cuando nos sentimos disminuidos al compararnos con alguien. Primero aparece la confrontación, la impresión devastadora de empobrecimiento, de impotencia y luego la reacción agresiva, por último el juicio y condena social de sentir envidia. “La envidia es una nebulosa de experiencias emotivas”
Es un sentimiento vergonzoso, del que no hablamos y es muy difícil de reconocer incluso frente a uno mismo.  Ni aún con el amigo que más confianza sentimos queremos expresarlo, podemos hablar de nuestros miedos, nuestros dolores, nuestras vergüenzas, nuestras tristezas pero no de nuestra envidia. Mencionarla es dejar al descubierto el aspecto más mezquino y vulnerable de nuestra alma. Es hablar de las mentiras que nos decimos para consolarnos y de las que les contamos a los demás para mejorar nuestra imagen.
La envidia es una experiencia interna en la que el yo se mira a sí mismo disminuido frente a otra persona, es decir vive una confrontación en la que pierde valor frente a sí mismo lo que le provoca un gran dolor.  Esto hace que se sienta un gran enojo que puede crecer enormemente hasta sentir el deseo de destruir a la persona, objeto de su envidia. La derrota, la catástrofe es interna, la ha experimentado como resultado de la comparación que él mismo realizó.  La envidia se vive como un daño que nadie ha causado.

MTRA. BERTA OBREGON DUBERNARD
MAESTRA Y TERAPEUTA DEL INSTITUTO DE ESTUDIOS DE LA PAREJA, S.C.
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